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Seguridad eléctrica en colegios: señales de alerta y medidas clave para prevenir accidentes

● Especialistas advierten que instalaciones sobrecargadas, falta de mantenimiento y uso de materiales no certificados ponen en riesgo a estudiantes y docente

Con el regreso a clases y el uso intensivo de equipos tecnológicos en aulas, laboratorios y oficinas administrativas, la seguridad eléctrica en colegios y centros educativos se convierte en un aspecto crítico que muchas veces pasa desapercibido. Instalaciones antiguas, ampliaciones improvisadas y falta de mantenimiento pueden generar riesgos como descargas eléctricas, cortocircuitos e incluso incendios.

Kevin Chancavilca, ingeniero de producto de Conductores Eléctricos CELSA, advierte que uno de los principales peligros es el contacto directo con partes activas, como enchufes deteriorados, o el contacto indirecto con superficies metálicas energizadas. “También existe un alto riesgo de incendios por sobrecarga de circuitos, empalmes defectuosos y la ausencia de sistemas de puesta a tierra e interruptores diferenciales”, explicó.

En muchas instituciones educativas, especialmente en edificios antiguos o con ampliaciones sin planificación, se detectan cables sobredimensionados que no soportan la demanda actual de computadoras, proyectores y otros equipos. A ello se suma el uso de conductores no certificados y el incumplimiento de normas técnicas, lo que incrementa la vulnerabilidad del sistema eléctrico.

Existen señales claras que pueden alertar sobre un sistema eléctrico en mal estado. Entre ellas destacan el parpadeo constante de las luces, olor a plástico quemado, tomacorrientes que generan chispas o presentan manchas oscuras, y llaves eléctricas que se disparan con frecuencia. “Estos signos indican sobrecarga o fallas técnicas que deben ser atendidas de inmediato por personal especializado”, señaló Chancavilca.

Para espacios con alta concentración de personas, como los colegios, el uso de cables certificados y de alta seguridad es fundamental. De acuerdo con el Código Nacional de Electricidad, se recomienda el uso de conductores tipo LSOH (libres de halógenos y de baja emisión de humo), ya que no propagan el fuego, no emiten gases tóxicos y permiten mayor visibilidad durante una evacuación.

Durante temporadas de lluvias o alta humedad, el riesgo se incrementa. En estos casos, es clave asegurar la impermeabilidad de tableros y conexiones eléctricas, así como contar con interruptores diferenciales operativos, capaces de cortar la energía en milisegundos ante una fuga de corriente y evitar una posible electrocución.

Los especialistas recomiendan realizar inspecciones técnicas periódicas en las instalaciones eléctricas de los colegios, idealmente cada uno o dos años, y mantenimiento anual del sistema de puesta a tierra. Además, advierten que uno de los errores más frecuentes es sobrecargar circuitos al añadir equipos o tomacorrientes sin evaluar la capacidad del sistema, lo que puede generar fallas graves. A nivel preventivo, directores y docentes pueden aplicar medidas simples como desconectar equipos al finalizar la jornada, evitar el uso de extensiones múltiples, revisar visualmente enchufes e interruptores y capacitar al personal y estudiantes en la identificación de riesgos eléctricos.

Asimismo, los padres de familia cumplen un rol clave al reportar oportunamente cualquier anomalía detectada en la infraestructura eléctrica del colegio. “La educación en seguridad eléctrica debe comenzar desde las aulas. Enseñar a los estudiantes a no manipular enchufes con objetos metálicos, no usar equipos con las manos húmedas y reportar cualquier señal de riesgo puede prevenir accidentes. La prevención es una responsabilidad compartida que protege la vida de cientos de estudiantes todos los días”, concluyó el experto.

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